| La Estrategia de Lisboa tiene su origen
en el Consejo de Primavera del año 2000 y surge con el
fin de hacer de Europa la economía basada en el conocimiento
más dinámica y competitiva del mundo respetando la cohesión
social y el medio ambiente.
España está ciertamente alejada de los objetivos intermedios
fijados para la consecución de este fin último en materia
de tasa de empleo en general, y más concretamente la de
los sectores más desfavorecidos como son las mujeres y
los mayores de 55 años, gasto en I + D sobre el Producto
Interior Bruto, gasto de I+D privado sobre el total y
reducción de las emisiones de CO2. Existe un amplio consenso
entre los economistas de que la inversión en I+D+i incrementa
la productividad y genera crecimiento. Por su parte el
Gobierno Británico ratifica esta percepción en su informe
sobre investigación y desarrollo en 2003 en el que concluye
que “la intensidad en I+D+i de una empresa está correlacionada
positivamente con el crecimiento de sus ventas, su productividad
y su valor de mercado”.
Además, las políticas de I+D+i contribuyen también a crear
más empleo y de mayor calidad. Los sectores de alta tecnología
e intensivos en conocimiento tienen tasas de crecimiento
del empleo mayores que las de los sectores tradicionales
y de mayor calidad, más cualificado y mejor remunerado.
La productividad y la competitividad, en conclusión, van
íntimamente ligadas a la I+D+i. En cuanto a la situación
coyuntural de la economía española, los últimos datos
oficiales disponibles sitúan el PIB en un 3,3%, que se
descompone en un fuerte crecimiento del empleo (3%) y
una modesta contribución de la competitividad (0,3%).
El diferencial de inflación con la UE ha provocado pérdida
de competitividad en la economía española, lo que no resulta
ser un hecho novedoso sino un problema acumulado durante
años. El diferencial actual está en línea con el de los
últimos diez años. Es necesario que el tejido empresarial
asimile la necesidad de fortalecerse e impulsarse en materia
de investigación, desarrollo e innovación. Una estrategia
empresarial activa en estos campos resulta hoy por hoy
imprescindible para la competitividad y supervivencia
de las compañías españolas en el mercado, como lo es para
la buena salud de la coyuntura económica del país.
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