| Transcurridos 50 años de la formulación
por Watson y Crick del modelo de doble hélice del ADN,
se ha producido el desarrollo espectacular de la secuenciación
del genoma humano así como del genoma de otras muchas
especies. Los estudios genómicos y relacionados suponen,
no sólo un aumento cuantitativo de información, sino una
nueva forma de abordar los estudios biológicos y biomédicos
de la que emergen novedades importantes.
La principal de entre estas novedades, la que más importa
a la ciudadanía en general, es la posibilidad de entender
mejor la bases de la enfermedad humana y, de ahí, plantear
avances de mucho calado en los cuidados de la salud.
Las administraciones públicas y agentes sociales, como
las empresas, son destinatarios de demandas –cada vez
más apremiantes- de que el aumento del conocimiento, se
traduzca en soluciones para el tratamiento de las enfermedades
que hasta ahora difícilmente se controlan, incluso que
sea posible prolongar mucho más la vida de las personas
en condiciones de mayor bienestar.
Los retos están pues bien definidos, pero para seguir
avanzando es preciso plantear nuevos esquemas para la
I+D, así como para la innovación, o, al menos, adaptar
los actuales a unas pautas de eficacia suficiente que
permitan hacer de la promesa de la investigación una realidad
perceptible. Las empresas del mundo de la salud constituyen
una parte esencial de esta “sociedad biotecnológica” y
están abocadas a desempeñar claramente su rol en las nuevas
circunstancias. Del acierto en el desempeño de ese rol
depende en buena medida el logro del objetivo: un desarrollo
de mejores productos y servicios en beneficio del mayor
número de personas.
Las empresas del sector biotecnológico plantean el aprovechamiento
del nuevo conocimiento con apuestas que suponen novedades
importantes en la búsqueda y desarrollo de nuevos fármacos.
Los actuales fármacos en uso actúan sobre unas 500 dianas
(enzimas, receptores, etc.), mientras que se estima que
los estudios genómicos y proteómicos podrían propiciar
la identificación de unas 10.000 nuevas dianas farmacológicas.
Todo este marco de progreso científico e industrial es
el que debe conducir a novedades importantes. El marco
legislativo debe estimular la creatividad y la innovación,
como forma de atraer la inversión, el esfuerzo y el talento
a favor del progreso. En ese marco será posible el ejercicio
de la competitividad por parte de las empresas, para propiciar
una mayor eficacia en el desarrollo. De manera especial
cabe pensar en una reducción de los plazos necesarios
para la puesta a punto de medicamentos innovadores, que
actualmente supone períodos de más de diez años con tendencia
a crecer. Tampoco es descartable que la reducción de tiempos
suponga una reducción de costes, lo que haría más sostenibles
las pautas de desarrollo.
El análisis de todo este marco científico e industrial,
de enorme relevancia para la sociedad actual, será el
objeto de la Jornada.
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